La campaña de Salamanca de 1812 en una novela del siglo XIX

“The Young Buglers: A Tale of the Peninsular War” (Los jóvenes cornetas: Una novela de la Guerra Peninsular) es una obra del escritor británico George Alfred Henty (1832-1902)  publicada por vez primera en el año 1879 que narra, de forma novelada, los principales acontecimientos de la Guerra de la Independencia Española y, entre ellos,  la campaña de Salamanca, cuyo bicentenario conmemoramos en el presente año y a la que dedica el capítulo XVI.

George Alfred Henty -conocido en el Reino Unido como el Príncipe de los narradores nace en Westminster en 1832.  Terminados los años escolares en su ciudad natal acude a la Universidad de Cambridge  donde, además de su dedicación al estudio, tomó parte en competiciones de boxeo, lucha y remo; actividades que conformarían en él un carácter aventurero que marcará toda su vida.

Así, le vemos participar con el ejército británico en Crimea, en París en las guerra franco-prusiana, en las luchas que Garibaldi llevó a cabo para lograr la unificación de Italia, en España en las Guerras Carlistas y en distintos acontecimientos de gran trascendencia política como la abertura del Canal de Suez o el viaje de Eduardo VII a la India.

Henty, que muere en 1902, y vive plenamente la época de la reina Victoria (1837-1901) iniciará pronto su afición a escribir novelas históricas.

Afición que le viene de sus propios hijos a quienes, después de cenar, les contará historias oídas o vividas por él mismo en un intento de mezclar diversión e instrucción como dejó bien claro en la presentación de su novela “I regarded any attempt to mix instruction with amusement” (procuré mezclar instrucción con diversión).

Ante la sugerencia de un amigo a que escribiera aquellas historias con las que “hechizaba” a sus pequeños para que otros pudieran también gozarlas, Henty decidió coger la pluma.

El resultado no pudo ser más fructífero: 144 libros de ambientación histórica que le convertirían en el “Príncipe de los story tellers”para sus numerosos lectores.

Según llegó a divulgar años después su secretario , pasaba con asombrosa rapidez y facilidad de una acción a otra demostrando una creatividad y fecundidad asombrosas.

Los protagonistas de sus historias son muchachos a los que introduce de forma magistral en los acontecimientos históricos más importantes vividos por el ejército británico. Son héroes diligentes, valerosos, inteligentes y entregados a la causa de su país. Guerrean en todos los frentes, navegan por todos los mares, descubren tierras, conquistan imperios…; viven, en fin, el tiempo fascinante y tumultuoso que les ha tocado vivir junto a renombrados héroes: Wellingthon, Francis Drake, Aníbal,

Federico el Grande, Hernán Cortés, etc.

En la novela que nos ocupa “The young Buglers” demuestra un profundo conocimiento de los hechos de la Guerra de la Independencia Española (Peninsular War).

La Batalla de los Arapiles y los movimientos previos (Combate de Castrejón, Combates de Cañizal, Marcha Paralela) ocupan el capítulo XVI de dicha obra junto con dos mapas sobre los movimientos de las tropas a lo largo del río Guareña y su enfrentamiento en los campos de Salamanca.

Los protagonistas de la novela son, como se dijo, dos jóvenes, Tom y Peter Scudamores, hermanos y naturales de Eton, que se embarcan hacia Portugal con el ejército británico para tomar parte, como cornetas, en la guerra..

El año 1812 será, dentro de la dinámica de la guerra, un año crucial para la victoria aliada. Tras la Proclamación de la Constitución de Cádiz el 19 de Marzo, se lleva a cabo un importante avance de las tropas españolas, inglesas y portuguesas sobre Castilla que concluirá con la victoria de los Arapiles el 22 de Julio y el levantamiento del Sitio de Cádiz el 25 de Agosto.

Ya en 1813 los acontecimientos se precipitarán con rapidez: derrota de los franceses en Vitoria (21 de junio), victoria de San Marcial (31 de agosto), abdicación de José Bonaparte y firma del Tratado de Valençay entre Fernando VII y Napoleón Bonaparte, el 11 de diciembre.

Pero volvamos a ese mes de Julio de 1812, justo hace doscientos años, que resultaría tan trascendental en la Guerra de la Independencia y en la posterior derrota del ejército napoleónico en  Europa.

FALSO MOVIMIENTO FRANCÉS DESDE TORO

En las dos primeras semanas del mes de Julio los franceses se sitúan detrás del Duero, entre Toro y Tordesillas, mientras que los aliados, comandados por Wellington, lo hacen al sur del río entre La Seca y Rueda.

El día 7 Marmont recibe el apoyo de la división de Bonnet pues el rey José, consciente del peligro que correría su trono si Marmont era derrotado, manda a las guarniciones de Castilla que permanecían en Madrid para que acudan en su auxilio (la salida se producirá en un tardío 21 de Julio y no podrá participar en los Arapiles).

El 16 de Julio Marmont concentra el grueso de su ejército en Tordesillas mientras envía a Bonnet y Foy, con sus divisiones, hacia Toro.

Consciente del peligro que tal “pinza” podría ocasionarle, Wellington divide sus fuerzas enviándolas hacia Cañizal para oponerse al avance francés por Toro. Inesperadamente, Bonnet y Foy destruyen el puente de Toro y se reúnen con el ejército principal en Tordesillas la misma noche del 16 de Julio. Las intenciones de los franceses eran claras: pillar a Wellington a contra pie.

Esta maniobra está magistralmente relatada por Henty en su novela:

“Wellington, por su parte , continuaba despacio, y su ejército ocupó una posición entre Cañizal y Castrejón, de esta manera cubría las carreteras desde Toro hasta Tordesillas, los únicos puntos por los cuales los franceses podían cruzar el río. Los informes de los espías acordaron que el primero era el lugar por el cual se debía cruzar.

El día 16 de Julio un oficial llegó de forma precipitada a Cañizal con la noticia de que una patrulla de reconocimiento había cruzado el Duero esa mañana cerca de Tordesillas y había descubierto que en el lugar no había más que una guarnición; y una hora más tarde la noticia llegó a las tres divisiones del enemigo que se hallaban ya cruzando el río en Toro. Cinco minutos más tarde los Scudamores estaban a caballo , llevando órdenes para el grueso del ejército, con la excepción de la 4ª y la División Ligera que estaban en Trabancos al mando del General Cotton, de que debían concentrarse en Cañizal esa noche. Por la mañana todo el movimiento había sido completado.

El día pasaba lentamente y con bastante expectación  y por la tarde Wellington acompañado de Lord Baresford y escoltado por las brigadas de Caballería de Allen, Bock y Le Marchand comenzaron a hacer un reconocimiento de los movimientos del enemigo. Se necesitaba cautela pues ya no se sabía si los franceses se dirigían campo abierto hacia Cañizal o si, por el contrario, estaban siguiendo en línea recta por la carretera desde Toro hacia Salamanca. Llegó la noche sin ningún rastro del ejército francés y la partida se detuvo a seis millas de Toro desde donde se enviaron pequeñas partidas de caballería para explorar la zona en todas las direcciones y descubrir hacia dónde había ido el enemigo.

“Es muy raro donde pueden haber ido los franceses” era el comentario que se oía sin parar entre la tropa.

(……..)

Lord Wellington con sus hombres tomó posesión de una granja abandonada, la caballería la rodeó de estacas con sus caballos sujetos en ellas y los Scudamores , que llevaban más de veinticinco horas en la silla de montar , se envolvieron en su capa y estirándose en el suelo pronto durmieron profundamente. Justo a medianoche se oyó el sonido de un caballo aproximándose a galope; un oficial que lo montaba sin detenerse desde Cañizal entró precipitadamente en la granja. 

Cinco minutos más tarde toda la partida estaba otra vez a caballo. La noticia era, en verdad, muy importante. Marmont había movido hacia atrás todo su ejército cruzando Toro en la noche del 16 y se había dirigido hacia Tordesillas , cruzándola también, y por la tarde, tras una marcha de cincuenta millas , había caído sobre la avanzadilla de Cotton , empujándoles hasta Trabancos”.

COMBATE EN CASTREJÓN. WELLINGTON A PUNTO DE SER CAPTURADO.

El 17, los franceses ocupan las posiciones abandonadas por los aliados y éstos avanzan hacia el sudoeste -posicionándose en el valle de Cañizal- dejando solamente en Castrejón a las divisiones Cuarta y Ligera y a la caballería de Anson.

Preocupado por la suerte que puede sufrir su retaguardia, Wellington marcha hacia Castrejón con el objetivo de reintegrar aquellas tropas al cuerpo principal de su ejército. Cuando llega ve como un fuerte combate enfrenta a la caballería y artillería aliadas con la caballería francesa que se apoya en una columna de infantería.

El escuadrón de caballería francés se acerca hacia la misma posición de Wellington, que hubo de desenvainar su espada y estuvo a punto de ser capturado. Finalmente el 11º de Dragones ligeros logró rechazar a los franceses.

Pero volvamos a la viva narración de Henty:

“Sin perder ni un momento, tras recibir la noticia, Wellington a pesar de que se habían perdido ya seis horas preciosas debido a que no habían llegado las noticias a Cañizal, se dirigió con tres brigadas de caballería rápidamente hacia Alaejos, mientras se envió un oficial a Cañizal para ordenar a la 5ª División que se dirigiera a toda velocidad  a Torrecilla de la Orden , a seis millas en la retaguarda de la `posición de Cotton en Castrejón.

Tras cabalgar cuatro horas llegaron a Alaejos donde se ordenó un alto en el camino de dos a tres horas para que descansaran los agotados caballos y los hombres. Poco después de amanecer todo resto de sueño se borró  por el estruendo de la artillería que anunciaba que Marmont estaba presionando fuerte sobre las tropas de Cotton. ¡A caballo! Fue el grito y Lord Wellington y Lord Beresford con sus hombres salieron a toda velocidad hacia la escena de la acción con la caballería pisándoles los talones. Una hora cabalgando y se hallaban en el campo de batalla . No se podía ver mucho pues el paisaje era ondulado, desierto desnudo como las lomas de Brighton y todas las depresiones estaban cubiertas por la niebla blanca de la mañana que aparecía y desaparecía, fantásticamente, por el efecto de los disparos de las armas de fuego, el movimiento de las masas de hombres y las cargas de las caballerías escondidas en ellas. En lo alto de una colina cercana había un par de cañones británicos con una pequeña escolta de caballos.     

 De repente , de entre la niebla, una partida de unos cincuenta jinetes franceses  aparecieron y se hicieron con los cañones. El escuadrón de apoyo, sorprendido por la rapidez del ataque, se rompió y huyó. Los franceses los siguieron y justo cuando Lord Wellington con sus hombres ganaba la cima, perseguidores y perseguidos aparecieron de repente y en medio de una gran confusión todos cayeron atropelladamente hasta la falda de la colina . Durante unos minutos , todos estaban mezclados. Lord Wellington, Lord Baresford y sus hombres con las espadas preparadas estaban en medio de la lucha donde amigos y enemigos se mezclaban cuando los escuadrones que mandaban la caballería desde Alaejos llegaron tronando estruendosamente y muy pocos de los franceses que habían hecho la valiente carga  escaparon para contarlo”.

COMBATES DE CAÑIZAL Y MARCHA PARALELA

Una serie de maniobras llevadas a cabo por Marmont el día 18 intentan envolver al ejército aliado. En una de ellas fue apresado el general de brigada francés Jean Auguste Carrie de Boissy que se hallaba al mando de la segunda brigada de dragones. La dureza de aquella batalla – Batalla de Castrillo o Combates de Cañizal- lo confirman los partes de guerra:  los franceses perdieron 400 hombres entre muertos y heridos y los aliados 95 hombres muertos y casi 400 heridos.

El ejército francés agotado por el calor y la fatiga acumulada, descansó durante la mañana del 19 de Julio. A las 4 de la tarde el mariscal Marmont replegó su ala derecha y desfiló por su izquierda para remontar el río Guareña y posicionarse frente a El Olmo.

El 20 por la mañana, los dos ejércitos estuvieron a punto de enfrentarse definitivamente en la llanura que hay entre Vallesa y Cañizal.

Pero continuaron la marcha por ambas orillas de Guareña, el ejército de Wellington  en tres columnas paralelas por el margen izquierdo y el ejército francés en dos, por el margen derecho.

Fue la famosa Marcha Paralela que sería recordada por el mismo Marmont años después como uno de los espectáculos más impresionantes que había presenciado.

Pero ¿cómo narra Henty en su “The Young Bluggers” estos acontecimientos? Tras comprobar que hace una aproximación bastante acertada sobre los hechos que narra, se constata, no obstante, que no menciona el apresamiento del general francés Carrie -acontecimiento importante dada la moral que daba a las tropas apresar a todo un general- ni a los importantes combates sufridos, solamente narra que una pequeña división aliada fue “barrida” por los franceses al detenerse a beber agua y  el intento de la división de Cartier (Curto) de cruzar el Guareña y su retroceso ante el empuje a “bayoneta calada” de los regimientos 29 y 40. También es significativo el hecho de que menciona la Marcha paralela -lo que hace pensar que siempre fue considerada como un importante hecho de las guerras napoleónicas- aunque adelanta dicha marcha en paralelo, también, a los momentos anteriores a la llegada al río Guareña:

 (…) Los franceses también avanzaban rectos hacia el río y ahora se podía ver una de las más singulares visiones nunca vistas en una guerra. Los ejércitos enemigos avanzaban de frente, formando columnas pero con algunos cientos de yardas de separación, con oficiales saludándose entre ellos.  Durante diez millas los ejércitos marcharon de esta manera, presionados en el avance por los oficiales, metiendo prisa a sus hombres y estos apurando cada nervio para llegar primero al río. De vez en cuando la artillería de cada bando , cuando encontraba una elevación adecuada , vertía alguna descarga de metralla a las columnas opuestas pero la posición de los dos ejércitos no admitía esto a menudo.

Gradualmente los hombres de Cotton, más frescos que los franceses , que el día anterior habían marchado durante cincuenta millas, ganaron terreno y alcanzando el río le cruzaron vadeándolo y fueron los vencedores de esta gran carrera, menos una pequeña división que se detuvo un momento a beber y fue barrida por cuarenta piezas de artillería francesa que llegó al lugar casi simultáneamente.

En el Guareña, los británicos hallaron las divisiones restantes del ejército que habían sido traídas desde Cañizal. Estas, examinaron a Marmont en un intento de cruzar en Vallesa, mientras los regimientos 29 y 40 con una carga de bayoneta desesperada hicieron retroceder a la división francesa de Cartier cuando intentaba avanzar más allá de Castrillo. De esta forma los dos ejércitos se vieron las caras en el Guareña y Marmont no había ganado absolutamente nada con su falso movimiento en Toro y su larga e ingeniosa vuelta por Tordesillas.

El resto del día pasó rápidamente , al igual que el siguiente; las tropas de ambos lados descansaban después de sus fatigas. Wellington esperaba ser atacado a la mañana siguiente y su ejército estaba alineado en filas listo para el combate. Al romper el día , sin embargo, Marmont movilizó su ejército hacia el río y lo cruzó vadeándolo, yendo directo hacia Salamanca , de esta forma girando hacia la derecha de Wellington  y amenazando sus comunicaciones , los británicos inmediatamente retrocedieron y la escena del día anterior se repetía, los ejércitos avanzando a lo largo de la cima de dos colinas paralelas con una distancia de tiro de mosquetón entre ellos.

POSICIONAMIENTO EN LAS CERCANÍAS DE SALAMANCA

Tras la Marcha, al concluir el día 20, ambos ejércitos se posicionaron nuevamente: Wellington en los tesos de Cabeza Vellosa y Aldearrubia  y Marmont en las proximidades del pueblo de Huerta.

Con la intención de cortar las comunicaciones de los aliados, Marmont cruza el Tormes por Huerta en la mañana del día 21. Wellington, consciente del peligro de quedar aislado y perder sus comunicaciones con Ciudad Rodrigo, dejó Salamanca y cruzó el Tormes por los vados de Cabrerizos y Santa María.

La noche del día 21, los dos ejércitos se hallaban perfectamente posicionados para la batalla final.   El ejército de Marmont se extiende desde Machacón hasta Calvarrasa de Arriba y el de Wellington desde Santa Marta de Tormes hasta el Arapil Chico.

Será una noche tormentosa con abundante aparato eléctrico y recordada por los soldados de ambos frentes como atestiguan sus diarios de campaña.

La mañana del 22 de Julio ve, frente a frente, a un ejército francés con unos 47.000 hombres y a un ejército aliado de casi 52.000. 78 cañones franceses frente a 62 de los aliados. 100.000 hombres y  diez mil caballos totalmente empapados. Tras el desayuno se inician las primeras escaramuzas que se prolongarán durante toda la mañana y parte de la tarde.  Como fruto de las mismas los aliados consiguen dominar el Arapil Chico y los franceses el Arapil Grande.

Henty, hace referencia a la importancia estratégica que tenía la llegada de las tropas del Rey, acuarteladas en Madrid, para apoyar a Marmont  y curiosamente a los Arapiles los nombra como “Hermanitos”. La carta enviada a Castaños por parte de Wellington en la que expresaba su intención de retirarse a Portugal y su apropiación por los franceses, como elemento clave para la derrota francesa -al no esperar Marmont las tropas del rey José-, no están comprobados históricamente. El resto de la narración se ajusta en lo esencial a los sucesos históricos.

“Sin embargo, esta vez,  las tropas francesas demostraron que, aunque habían avanzado más que las  inglesas,  estas eran mejores;  cuando llegó la noche Wellington se preocupó al ver tomar a los franceses posesión del fuerte Huerta en el río Tormes, asegurando así , Marmont, la unión con las tropas que, enviadas por el Rey José, se iban aproximando, y también la opción de luchar o rechazar la batalla. Wellington sintió que su posición estaba seriamente amenazada y mandó un despacho  a Castaños, general español, haciéndole  saber su incapacidad para mantener su posición, y la probabilidad de verse obligado a replegarse a Portugal.  Esta carta fue decisiva para la victoria en Salamanca, pues al ser interceptada por los franceses, Marmont, temiendo que Wellington pudiera escapar, se preparó para bloquear  la carretera de Ciudad Rodrigo, y así cortar a los británicos la retirada a pesar de la orden tajante que había recibido del Rey José de no luchar hasta que él mismo hubiera llegado  con su ejército.                 El día 21 los dos ejércitos cruzaron el Tormes, los franceses por Alba y Huerta, y los ingleses por Aldea Lengua (sic) y Santa Marta. Ese mismo día le llegaron noticias a Wellington de que el General Chauvel, con 2000 de caballería y 20 cañones, alcanzaría a Marmont entre la noche del 22  y la mañana del 23; y el General inglés, decidió retirarse a no ser que Marmont le diera, por casualidad, alguna oportunidad para luchar y obtener alguna ventaja.  A la derecha de los británicos y a la izquierda de los franceses había dos colinas escarpadas, llamadas los “Hermanitos” o Hermanos, y poco después del alba del día 22 los franceses se apoderaron de la más cercana, mientras que los británicos tomaron posesión de la otra. Entonces, viéndose  uno a otro, los dos ejércitos permanecieron allí hasta  el mediodía, por lo que Wellington no pudo iniciar su retirada antes del amanecer; sin embargo una gran polvareda que se extendía a lo largo de la carretera que llevaba a Ciudad Rodrigo, mostró que el ejército se dirigía hacia Portugal.  

MOVIMIENTO FRANCÉS PARA ENVOLVER A WELLINGTON

Con el cobijo que le daba la posesión del Arapil Grande, Marmont inicia un movimiento envolvente desplazando sus divisiones hacia el suroeste hasta alcanzar El Sierro y colocar una potente batería de veinte cañones para proteger al resto de sus unidades. Wellington responde a los movimientos franceses apoyando a las unidades del Arapil Chico y formando una línea que va desde éste hasta el pueblo de los Arapiles.  Se plantea incluso el ataque a los franceses que se hallaban en el Arapil Grande enviando a su Primera División, pero al final cancela el intento y se retira. Marmont, envalentonado por la actitud de Wellington decidió entonces mover su ala izquierda hacia el Monte Azán para amenazar las posiciones de los aliados. Movimiento peligroso pues el arco que formaban las posiciones francesas, dirigidas en su vanguardia por Maucune, era de casi 8 kilómetros con las unidades de Wellington concentradas dentro de dicho arco.       Así lo relata Henty:

“Entonces Marmont decidió dar un golpe de audacia para cortar la retirada a Wellington y, aunque todas sus tropas aún no habían llegado, ordenó a Maucune, con sus dos divisiones, que diera la vuelta por la izquierda y amenazara la carretera de la Ciudad. Eran las tres de la tarde y Wellington, que había estado despierto toda la noche pensando que Marmont no haría ningún movimiento ese día, se había ido a descansar un par de horas. Entonces Tom Scudamore, que estaba viendo los movimientos del enemigo desde un punto elevado,  hizo correr la noticia de que los franceses estaban dirigiéndose a su parte izquierda hacia la carretera de la Ciudad.        

Wellington se puso en pie y corrió hacia un terreno alto desde donde observó con satisfacción que Marmont, en sus deseos de evitar que escaparan los británicos, había cometido el flagrante error de separar el ala de su cuerpo principal. Instantáneamente ordenó atacar, y la gran masa de hombres que estaba en el Hermanito británico, bajó hacia la llanura para atacar a Maucune por un flanco, mientras que la tercera división tenía orden de lanzarse a través de su línea de marcha, y atacarle de frente. Como el avance por la llanura se haría por un flanco desde el Hermanito  francés, el General Pack recibió órdenes de asaltar aquella  posición, directamente por donde el ejército británico había pasado. 

ERROR DE LA DIVISIÓN DE MAUCUNE

Cuando Maucune se lanza para atacar a la infantería ligera que defiende los Arapiles comete un error que le costará muy caro. Sin apoyo adecuado, Maucune se encuentra demasiado lejos de sus compañeros -hay casi 1,6 kilómetros entre su flanco derecho y el Arapil Grande- y demasiado cerca de los aliados.  También la división de Thomières que debería haber seguido a la de Maucune avanzó hacia el oeste quedando también aislada del resto de su ejército. Cuando Marmont se da cuenta del peligro e intenta desplazarse para evitar el aislamiento de sus unidades es alcanzado por un proyectil y herido, gravemente, en un brazo. Marmont herido, el mando recae sobre Clausel que, al ser también herido, convierten a Bonnet en comandante en jefe del ejército francés. Pero Bonnet es también herido en un muslo y Clausel, cuya herida no era muy grave, montó a caballo y se dirigió hacia el Arapil Grande. Había pasado una hora crucial para los franceses sin un mando efectivo.

Marmont, estando en el Hermanito francés, se quedó impactado al mirar la llanura que de repente estaba cubierta de enemigos, y un tremendo fuego se abrió, de inmediato, sobre la avanzadilla británica. Se enviaron oficiales y oficiales para presionar a las tropas francesas que aún estaban de marcha, y cuando al ver a la tercera división precipitarse sobre Maucune , Marmont corre en su ayuda, un proyectil le estalló cerca y se estrelló contra el suelo con un brazo roto y dos heridas profundas en un costado. 

BATALLA FINAL Y TRIUNFO ALIADO

Wellington, consciente del movimiento en falso de los franceses, ordena atacar a las unidades de Thomières y Maucune.

Pronto la división de Pakenham y los escuadrones portugueses de caballería de D´Urban, cargan sobre las compañía que encabezaba la división francesa de Thomières, terminando con un batallón. Durante la refriega los escaramuzadores aliados suben hacia la cumbre del Pico de Miranda donde se enfrentan con una línea de escaramuzadores franceses recibiendo el fuego artillero de Thomières. Una oleada de disparos de los franceses hieren de muerte al mayor Murphy comandante del 88º. Sus hombres, enfurecidos al ver caer a su jefe, arremeten contra la división de Thomières que se desmorona y donde el mismo Thomières resultará muerto y sus cañones capturados.                                                              Casi una hora después del ataque de Pakenham, la Quinta División aliada de Leith y la brigada portuguesa de Bradford avanzan en dos líneas por el pueblo de Arapiles en clara ofensiva a la División de Maucune. El choque fue tremendo cayendo Leith y docenas de sus hombres bajo los disparos de los mosquetes. Pero una aterradora carga de bayoneta aliada hizo huir a los franceses, que se encontraron en su huida con las tropas portuguesas de Bradford.                                   Aparece entonces Le Marchand con sus dragones y arremeten contra la división de Brennier que había acudido en apoyo a Maucune. Cuando la caballería británica se lanzó tras de los franceses fugitivos uno de ellos levantó su mosquete matando a Le Marchand. Pero su brigada había destruido ocho batallones de infantería francesa mientras que la Quinta División hizo 1500 prisioneros y capturó cinco cañones. Las divisiones Tercera y Quinta terminaron con los restos de las divisiones de Thomières, Maucune y Brennier.

Aunque en el lado oeste del campo de batalla las cosas le iban bien a Wellington, no ocurría lo mismo en el centro donde los hombres de Clausel y los tres regimientos de Bonnet ocasionaron muchas bajas a la cuarta División de Cole. El fallido ataque de Pack sobre el Arapil Grande, en el que murieron unos 386 portugueses, había expuesto peligrosamente a los hombres de Cole que se retiraron hacia el Arapil Chico perseguidos por la destrozada brigada de Pack. La batalla había entrado en aquellos momentos -las cinco y media de la tarde-  en un punto crítico donde todo podía suceder. Derrotar unas cuantas divisiones enemigas no era ganar la batalla. Wellington lanza entonces al ataque a sus divisiones de reserva. Primero a la Sexta División  de Clinton y la brigada portuguesa de Spry que logran detener el avance de la división de Clausel ocasionándole muchas bajas. Y después a la Primera División de Campbell que logra aislar a Foy y convence a los franceses del Arapil Grande que lo más sensato es huir , junto con sus compañeros, hacia el sureste.

Con el fracasado ataque de Clausel, la batalla de los Arapiles entra en su fase final. De poco sirvieron la resistencia de las divisiones de Foy, Sarrut y Ferey que veían a sus compatriotas huyendo mientras que se acercaba peligrosamente la Sexta División de Clinton.  Ferey, que debía cubrir la retirada  francesa desde un terreno elevado, formó siete batallones en línea   y al acercarse unos 40 metros los hombres de Clinton, ordenó abrir fuego.

Durante una hora pelearon en singular duelo ambas divisiones siendo la división aliada de Clinton la que llevó la peor parte. Entran entonces en combate  los portugueses de Rezende  y la artillería aliada. Ferey cae muerto al ser alcanzado por una bala de cañón pero sus hombres siguen resistiendo.

Cuando llegan las tropas de Leith consiguen romper el 70º Regimiento francés que, presa de pánico, huye con el resto del ejército buscando la protección del cercano bosque. Solamente el 31º de infantería ligera siguió combatiendo.  

“(…)Eran las 5 de la tarde cuando Pakenham, con la tercera división, cayó como un rayo sobre la cabeza de las tropas de Maucune. Éstas, cogidas por sorpresa, lucharon con un enemigo a quien habían pensado encontrar en plena guerra, lucharon valerosamente, esforzándose en ganar tiempo para abrirse en orden de batalla. 

Sin embargo, avanzando con una fuerza irresistible, la tercera división rompió la cabeza de la columna e hizo retroceder a sus refuerzos. Mientras tanto, la batalla continuó según lo previsto; en la llanura la cuarta división llegó al pueblo de Arapiles, y volvió la división de Bonnet con la bayoneta, y la quinta división atacó a Maucune por un flanco, mientras Pakenham lo destruía por el frente. 

Marmont fue sucedido en el mando por Bonnet, pero al estar éste también herido, Clausel, un general capaz, tomó el mando. Reforzó a Maucune con sus propias divisiones y rápidamente entraron en batalla. Entonces, pasando por la derecha y la izquierda de la división de Pakenham, la caballería británica, bajo las órdenes de Le Marchant, Anson y D´Urban, salió de entre el humo y el polvo, cabalgó hacia los mil doscientos hombres de la infantería francesa, situándose detrás de ellos. Atacaron generosamente, la tercera división salió después  a la carrera, y el ataque no cesó hasta que la izquierda francesa fue derrotada y cogieron cinco piezas de artillería pesada y dos mil prisioneros.

Habían pasado 40 minutos desde el inicio de la batalla y la derrota francesa era irreparable; las divisiones tercera, cuarta y quinta estaban en formación, deslizándose hacia delante como para asegurar la victoria. Sin embargo, Clausel actuó con rapidez. Reforzó la división de Bonnet con la de Fereij, aún fresca e intacta, y en ese mismo momento las divisiones de Sarrut y Brennier salieron del bosque y se alinearon para la batalla. Detrás de ellos las tropas rotas de las dos divisiones de Maucune se restauraron, y la lucha se reinició con una terrible fuerza. 

Pack, en ese momento, intentó sin éxito llegar , con su división portuguesa, al Hermanito francés, y el destino de la batalla estaba otra vez en tablas; las divisiones británicas  les superaban en número y, flanqueados, empezaron a caer de nuevo; el General Cole, Leith y Spry, todos fueron heridos, y la caballería francesa amenazó con flanquear la línea. Sin embargo Wellington tenía muchos ases en la manga y, en el momento crítico, se lanzó contra el enemigo. La sexta división surgió desde la segunda línea, y se lanzó hacia el centro del enemigo en un ataque duro y prolongado, mientras que la luz y las primeras divisiones fueron dirigidas directamente contra las divisiones francesas que estaban descendiendo desde el Hermanito francés, y contra las de Foy, mientras que la séptima división y los españoles surgieron por detrás de la primera línea. Contra un ataque tan tremendo como éste los franceses no podían resistir , siendo empujados con gran desorden al borde del bosque, donde las divisiones de Foy y Maucune permanecían quietas, y cubrieron su retirada a medida que la oscuridad iba cayendo”.

Terminaba así una batalla que, aparte de las importantes bajas -unos 12.500  franceses y unos 5.220  aliados entre muertos, heridos y prisioneros-, tendría importantes consecuencias en el devenir del imperio napoleónico y en la historia de Europa.

 LUIS TORRECILLA HERNÁNDEZ
Artículo publicado en la Revista Multitemática ALKAID Nº 15 AÑO 2012  pgs. 47-57

3 pensamientos en “La campaña de Salamanca de 1812 en una novela del siglo XIX

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